Hace tres años atrás, alrededor de 10 a 15 jóvenes del Sínodo Presbiteriano Boriquén en Puerto Rico se reunieron para asistir al Trienio, actividad que se celebra cada tres años y que reúne a 6,000 jóvenes presbiterianos de Estados Unidos y otros países en Purdue, Indiana. Muchos de ellos no se conocían demasiado bien. Había algunos con experiencias previas de salir de sus iglesias locales… otros no… pero se embarcaron juntos en este viaje… y ni yo misma me esperaba lo que habría de suceder.
La amistad que algunos de estos jóvenes han cosechado me llena de esperanza. A pesar de ser de diferentes pueblos, diferentes iglesias y diferentes presbiterios se buscan, se llaman y hasta hacen devocionales nocturnos por teléfono. Cuando hay alguna actividad de juventud, no importa si es en la iglesia local, en el presbiterio o en el sínodo, se llaman para verse y para compartir las experiencia juntos. Ellos y ellas se han dedicado, de alguna manera intencional o no intencional a apoyarse en su fe, a preocuparse los unos por los otros y a crecer en el conocimiento bíblico, sin programas especiales o, trucos. A través de sus relaciones, son un grupo de jóvenes a distancia.
Este ejemplo es especialmente importante en congregaciones en donde hay dos o tres jóvenes nada más. La iglesia no tiene programa de jóvenes… pero es no significa que no puedan hacer ministerio con la juventud o evangelismo con ellos y ellas. El evangelismo relacional, el ministerio relacional, tiene que ver con proveer espacios y oportunidades en donde estos jóvenes compartan y conozcan a otros y otras que compartan su fe. Tiene que ver con crear espacios en donde los jóvenes se sientan cómodos trayendo a sus amistades a la iglesia. Tiene que ver con establecer puntos de contacto o de relación: sentarse a hablar con ellos y ellas, oír su música, entender su mundo, sus frustraciones, sus alegrías y sus deseos, es dejarles saber que se esta dispuesto a caminar, no por ellos/as, sino junto a ellos/as en su caminar de fe.
Hay muchos estudios generacionales que afirman una misma verdad: las generaciones más jóvenes están sedientas de relaciones. Es irónico que en un mundo tan lleno de formas de comunicarnos esto sea así. Es hora. Es hora de que nuestros programas de jóvenes estén llenos de experiencias prácticas de fe como lo son las experiencias de misión, los pequeños grupos de apoyo y otras experiencias en donde nuestros jóvenes no sean meros espectadores o receptores de las buenas nuevas. Ellos/as tienen sed de experimentar lo que se siente servir a Dios. Seamos nosotros/as intencionales en ser instrumentos de Dios para satisfacer esa sed. MGV